Decidí llamarle «la locura» para darle un espacio, referirme a ella de alguna manera y ese nombre me da risa, además, de suavizar el tema para los demás.
Todo empezó tras un año de mucho malestar que empeoraba cada vez más, traté de abordar por todas las especialidades médicas pero (gracias a Dios) estaban bien. Cuando había revisado casi todas las partes del cuerpo (me quedaba solo una), me transe a ir al psicólogo. Meses después de iniciar las sesiones, me dijo “mi niña esto se llama depresión”. Ir a terapia al principio era la tortura del siglo XXI. Iba, pero cada vez salía peor, lloraba tanto y sentía que estaba dando vueltas en círculos y que no servía para nada. Un año más tarde la psicóloga me refirió al psiquiatra y casi la mato, a quién se le ocurre semejante barbaridad ¡¿loca yo?! Pues si gordi, si. Me moleste tanto que la misma psicóloga me buscaba para tener la sesión porque claramente yo no iba a volver.
Vamos a hacer un paréntesis, ese año me había mudado de país, estaba haciendo un máster, haciendo las prácticas/pasantías, siendo niñera y repartidor (porque de algo tenia que vivir), iniciando un emprendimiento y viviendo con pareja y familia todo junto. A todo eso y sumémosle que en mi casa, ni en mi entorno se había hablado de salud mental. Yo no me sentía en la seguridad de contarle eso a nadie, solo dos personas sabían magnitud del problema, la psicóloga y una extraña de mis prácticas que se convirtió en mi ángel de la guarda.
Ok, volvamos a la historia, un año más tarde el dolor seguía, de hecho empeoraban los síntomas, no dormía más de tres horas seguidas, me aislaba cada vez más, mi cabeza era una locura hasta el punto que no entendía para qué vivía, cuál era el objetivo de estar así. Después de intentar todo lo que tenía disponible, natural, espiritual, ajustes en la rutina, la psicóloga vuelve a sugerir el psiquiatra, esta vez estaba tan AGOTADA que decía ya no puede haber nada peor y decidí ir a la consulta SOLO a escuchar.
Miércoles 21 de abril del 2021 por la tarde, la peor experiencia que he tenido (además que la doctora fue la peor parte), llegué a la consulta y me acribilló a preguntas, entre una y otra me puse a llorar y le dije que me disculpara que no sabia por qué no me podía contener, su respuesta fue textual «vale pero sígueme diciendo que tengo pacientes». Salí destruida, llorando sin parar, porque me dijo lo que yo no quería escuchar “necesitas medicación porque estas jodida” (hubo pruebas de por medio), pero igual para mi tomarme algo era sinónimo de debilidad, estoy loca, que vergüenza. En ese momento pensé, yo no sé de esto y le hice una sola pregunta a dos personas que sí sabían, una amiga psicóloga y una prima médico, les dije, me está pasando esto, ustedes me quieren, qué creen que debo hacer, la respuesta fue unánime “tómatela ahora”.
Todo iba empeorando esa semana, desde sentimiento de soledad y fracaso, hasta los efectos secundarios que me provocaron las dos primeras semanas los medicamentos. Desde entonces tomo la pastillita de la locura, llamarla así me recuerda que no soy yo, pero vive en mi, le doy su espacio y aprendemos a convivir.
Quería contar esto porque mucho hablamos de la salud mental en los post e historias donde salimos con una sonrisa, pero no cuando necesitamos ayuda realmente. No lo cuento desde un lado de víctima, de hecho ahora gradezco todo lo que me ha enseñado la locura, pero si es cierto que cuando he contado esto a personas puntuales, la apertura y seguridad posterior que siente la gente para contarme sus sentimientos es totalmente diferente. Hablemos de salud mental, pero de la nuestra, de nuestra vulnerabilidad, de cómo estamos, de cómo nos sentimos. Todos tenemos algo, pero no todos tenemos un entorno seguro donde poder hablarlo sin juicios, ni etiquetas. Escuchemos y estemos para el otro. Sino para que estamos vinculándonos.
Pues si, tuve depresión, ansiedad generalizada, ataques de pánico, ataques de ansiedad y TOC. Ahora lo entiendo, como seguía y seguía ignorándome, cada vez salía más fuerte la locura. Ahora sabemos convivir y buscar el equilibrio (bueno a veces me da, pero a quién no le da la locura). Ahora si entiendo que vivir no es lograr cosas, sino sentirlas, vivirlas, estar presente y muchas cosas más que quiero contar.
